divendres, 30 d’agost de 2013

Dejar las cosas en sus días

Por Àngela Sánchez Vicente



Dejar las cosas en sus días es la primera novela de Laura Castañón y tras su lectura creo que su futuro como escritora está grabado a fuego en su camino.

La novela trata de la búsqueda de Aida. Esta periodista no puede avanzar en su día a día, vive con la obsesión de encontrar los restos de su abuelo, asesinado en la Guerra Civil.

Un agradable paseo muy fotográfico por la familia Montañés, desde sus más pasados ancestros hasta Aida, una incansable buscadora de la verdad.

Ambientada en gran parte en Asturias, es un fiel relato sobre la historia de España del siglo XX, las condiciones de trabajo, la vida social, la economía y el impacto de la Guerra.

Durante la búsqueda se encontrara con Bruno, un hombre que también busca respuestas pero sin tanto ahínco ni desasosiego. Entablaran una relación en principio un tanto descuidada y agresiva pero poco a poco se unirán en una zarza de la que no podrán salir ilesos sus corazones.

Son polos opuestos, mientras Aida tiene que darse el cabezazo contra la pared para darse cuenta que se equivoca, Bruno es más racional y meditativo. Ella es un torbellino, una bomba de relojería y tiempo mientras él refleja al eterno joven al que nada le puede afectar demasiado.

El mismo título nos puede dar pistas sobre el final de la búsqueda pero os recomiendo encarecidamente que lo leáis y lo saboreéis lentamente, no os aceleréis como la protagonista. 

Somos quienes somos por nuestra historia y por nuestra memoria.

Una reflexión sobre la memoria histórica que podría abrir muchos debates en los cuales ahora mismo no procede entrar pero sí que podemos reflexionar sobre todo aquello que nos ata con cadenas pesadísimas al pasado y no nos deja avanzar.

Una lección sin duda de que la vida está llena de historias familiares que permanecerán en la memoria de cada una, el tiempo cuidara de ellas y siempre nos acompañaran pero no nos pueden anclar y tapar los ojos al presente o al futuro que nos espera. 

Los recuerdos del pasado han de transformarse poco a poco y ser positivos para el momento actual, una moraleja que a Aida le quedara muy clara y podrá sentir de nuevo el aire en su rostro tras haber recorrido todo su pasado.

Conocer la historia es conocerse a uno mismo y con este volumen de Alfaguara creo que todos tenemos deberes de verano. 

Una lectura con fragmentos que evocan risas y otros que te llevan al llanto, si una novela te atraviesa la piel y te hace sentir, vale la pena ser leída.

Dejad las cosas en sus días y este libro en vuestras mesillas de noche. Uno de los libros imprescindibles de este año sin ninguna duda, y para muestra un botón.