divendres, 22 d’agost de 2014

Mil besos y cien más



En Mil besos y cien más viajamos a la antigua Roma, una época de contrastes entre los hombres y las mujeres, mientras ellos recibían una educación destina a dominar y conquistar, ellas eran educadas para convertirse en grandes matronas, la señora de la casa, un ser dominado por el hombre de la casa y sin voz ni voto, o eso es lo que se pretendía.

Esta novela rescata la historia de Catulo y Lesbia, un sencillo poeta y la noble Clodia, recogidos en los cármenes catulinos.

Página a página convivimos con la hermosa Claudia y descubrimos como el tiempo erosiona su vida como las grandes ventiscas erosionan los templos. Claudia es una niña que ama los libros y que profesa un amor muy especial a su hermano, juntos son fuertes y separados están incompletos.

Claudia se ve obligada a casarse con Quinto y con quien nunca es feliz, ni despierta a la vida hasta que aparece en su vida el joven Catulo, un hombre que le descubrirá la fuerza del amor, del sexo y de la comunión no solo de los cuerpos sino de las almas.

Un hombre podía tener amantes, ir a orgias o ser perverso, pero pobre de la mujer que fuera descubierta con un amante o fuera tachada de adultera.

Esta novela se recrea tanto en el ambiente histórico, en sus villas, en su senado y en su sociedad establecida sobre el poder del dinero y de la sangre, como en el resurgir de una mujer en un placer que parecía solo reservado para los hombres.

Laura Sciolla, hace unas descripciones tan detalladas de sus personajes que hacen al lector cómplice del amor entre Catulo y Lesbia, el horror frente al marido de Claudia o la relación tormentosa entre los hermanos.

Una novela llena de intrigas políticas, de contraposiciones entre la razón y el corazón, entre el deseo y el amor, una novela que deshiela los inviernos y florece los cerezos, rica en matices y muy celosa de sus secretos.

Grijalbo apuesta por una obra tachada de purpura picante, pero que está recubierta por la sangre de los vencidos y el vino de los vencedores, por la miel y la hiel, por una sociedad donde el sexo era aceptado pero el amor era un desconocido, donde unas palabras dulces susurradas en el oído desatan pasiones y donde las puñaladas por la espalda son el menor de los males posibles.

Pobre Lesbia, condenada a conocer el amor y a ser amada en una sociedad poco comprensiva, pobre Catulo un joven posesivo de su amor sin limitación. 

Una historia donde la palabra más destructiva es un verbo muy lejano a pelear, sufrir, llorar o morir, la verdadera cruz de esta historia es el verbo AMAR.