dilluns, 19 de juny de 2017

Diccionario del Diablo




El título de Diccionario del Diablo se presentó por primera vez en 1881 para englobar una serie de definiciones satíricas, irónicas y con una buena dosis de lección moral y porque no decirlo malaleche, en la revista semanal Wasp en una columna bajo el título de “Parloteo”.

Su autor, Ambrose Bierce se decidió por ser periodista tras haber luchado por su país en la Guerra de Secesión y tras ser herido y ver su futuro estancado decidió luchar con el lenguaje, el papel y la tinta en lugar de con un mosquete.

Tras muchos años, en 1911 se publicó este diccionario como volumen único y completo. Abundan la burla a los políticos, unas definiciones plausibles hoy en día y a personajes de la sociedad del momento sin olvidarnos de los estamentos de la sociedad incluyendo la Iglesia.

El cinismo, la verdad según el ojo que la contempla o la cuenta y la realidad alternativa sigue de moda y sus definiciones son brillantes, concisas, a la vez que invitan a reflexionar, también aportan ideas al lector para crear las suyas propias.

El Diccionario del Diablo, construido a lo largo de más de treinta años, lleva hasta el extremo esa filosofía cínico-humorística que ya empezó a profesar de joven. Catálogo implacable de fallas morales que corroen a los seres humanos, por sus páginas desfilan ejemplos diversos de inmoralidad, egomanía, hipocresía, avaricia, estupidez, falsedad, intolerancia, lascivia, gula, pereza, cobardía, envidia, orgullo, egoísmo.

Esta edición presentada por Libros del zorro rojo y encuadernada en tonos ocres, negro y rojo refleja la oscuridad de la verdad y la sangre vertida en las mentiras. Un diccionario que sabe a poco, que hay que leer con ironía y entrelineas para descubrir no solo alguna que otra verdad, sino los fantasmas que atormentaban al autor y a su época.

Del mismo modo hay que destacar las ilustraciones de Ralph Steadman, un brillante caricaturista que le toma el pulso perfecto a las descripciones, con manchas y borrones incluidos consigue crear pura magia con su pincel. Sus letras nos introducen como índice al diccionario y sus caricaturas a página completa están llenas de pequeños detalles que crean un gran y maravilloso caos.

Me gustaría ofreceros una de las entradas de este volumen que ilustra a su vez la contraportada: “Diccionario: Malévolo recurso literario para entorpecer el desarrollo de un idioma y darle dureza y rigidez. Sin embargo, este diccionario es una obra extremadamente útil”

Debo destacar el trabajo realizado por Marcial Souto quien ha seleccionado y traducido las entradas de esta obra.

Muchas verdades que no nos gustan escuchar están entre sus vocablos, solo debéis dejaros llevar, abrir la mente a nuevas posibilidades léxicas y descubriréis aquello que no se dice por educación u omisión pero que se piensa con la razón.

Ni todo es blanco, ni todo es negro, demos un toque de vidilla a un léxico obsoleto.